Mini-ensayo
El poder no sobre el pensamiento, sino sobre la atención
El pensamiento surge por sí solo. La libertad no empieza prohibiendo el pensamiento, sino negándose a convertirse en cada movimiento interior que aparece.
Estamos acostumbrados a pensar que la madurez es la capacidad de mantenernos bajo control. No enfadarse. No angustiarse. No pensar pensamientos “malos”.
Pero aquí comienza el primer error.
La persona no elige qué pensamiento aparecerá en el siguiente segundo. No encarga ansiedad, ira o duda como quien pide un plato en un restaurante. Los acontecimientos interiores surgen por sí solos: de la memoria, del cuerpo, del hábito, del miedo, de la reacción al mundo exterior.
No somos los autores de cada movimiento interior. Somos más bien sus primeros testigos.
El problema no empieza cuando aparece la ansiedad. El problema empieza en el momento en que la persona dice: “Esto no debería estar aquí. No debería sentir esto”.
Así comienza una guerra civil interior.
Cuanto más intenta una persona reprimir un pensamiento, más atención le entrega. Y la atención es alimento. El pensamiento contra el que se lucha recibe fuerza precisamente de esa lucha.
La conciencia no empieza con la victoria sobre el pensamiento, sino con un pequeño desplazamiento: “No soy este pensamiento. Veo que ha surgido”.
En lugar de “soy un fracasado” aparece: “En mi mente ha surgido un pensamiento sobre el fracaso”.
La diferencia es enorme.
En el primer caso, la persona se convierte en el pensamiento. En el segundo, lo ve como un fenómeno.
Ahí aparece la libertad. No la libertad de prohibir que los pensamientos vengan. La libertad de no convertirse en cada pensamiento que viene.
No somos dueños de los pensamientos.
Pero podemos convertirnos en dueños de la atención.