La filosofía nace no de la saciedad, sino del encuentro con la muerte y el dolor.
Mientras a una persona le parece que la vida es infinita, casi no pregunta para qué existe el mundo y por qué es precisamente así.
Pero en cuanto la finitud entra en la conciencia, con ella llega la verdadera pregunta.
Y, dicho de forma más sencilla, ahí es donde el perro se enterró: muchos empiezan a pensar no cuando se les revela la verdad, sino cuando se les acaban las ilusiones...

