La generalización es una cosa cómoda.
Ayuda a la mente a no tener que comprender cada vez desde el principio.
A no mirar con atención.
A no precisar los detalles.
A no encontrarse con el caso vivo como vivo.
Es más fácil sacar un patrón ya preparado y decir:
"Esto ya lo he visto".
Aunque a menudo no vimos esto.
Vimos algo parecido.
Y luego decidimos perezosamente que parecido significa igual.
Así nace el error.
La persona deja de percibir la realidad,
y empieza a aplicarle viejas etiquetas.
"Todos son así".
"Esto siempre es así".
"Con ellos todo está claro".
"Sé cómo acabará esto".
Y la mente asiente satisfecha: trabajo hecho.
Aunque en realidad simplemente abandonó el puesto de trabajo antes de tiempo.
La generalización se vuelve peligrosa allí donde sustituye a la observación.
Porque cada nuevo caso exige atención.
Y no un viejo patrón sacado del armario polvoriento de la cancillería interior.
A veces pensar significa no sacar una conclusión demasiado rápido.
Y no confundir experiencia con rigidez de la mente...

