Un método único para aceptar la realidad tal como es se llama “¿Y qué?”
El método es simple y no requiere una esterilla especial, incienso, suscripción a un maratón ni retiro de tres días en la montaña con personas que pronuncian la palabra “energía” con demasiada seguridad.
¿Tienes un problema? ¿Intentaste resolverlo y no pudiste? ¿Ni siquiera lo intentaste, pero ya te cansaste por adelantado? Perfecto. El método es para ti.
Siéntate cómodamente. Di el problema en voz alta. Luego pregúntate: “¿Y qué?” Responde con honestidad. Y otra vez: “¿Y qué?” Repite hasta que por dentro suene algo cansado, pero esclarecido: “En realidad, nada”.
Ahí empieza la aceptación. No porque el problema haya desaparecido mágicamente. No porque el mundo se haya corregido, haya pedido disculpas y haya enviado una compensación. Sino porque por fin dejaste de alimentar el problema con tu propia histeria.
El problema puede quedarse. Pero su corona cayó. Ya no es la reina de tu imperio interior ni el editor jefe de tu libro de quejas.
Simplemente está. Y con aquello que simplemente está ya se puede hacer algo. O no hacer nada. Y aun así vivir.
El problema no fue destruido. Pero su drama, sí. Y eso, amigos míos, ya es casi una victoria...

