La sutileza del pensamiento está calculada para la sutileza de la comprensión.
No todo pensamiento puede tomarse por asalto. Hay cosas que no se abren ante quien entra en ellas con las botas de una opinión ya hecha, la regla de la lógica cotidiana y el martillo de “pero si todo es simple”.
No, no todo es simple.
A veces un pensamiento necesita silencio. A veces, delicadeza interior. A veces, la capacidad de no agarrar el sentido por el cuello, sino de quedarse a su lado y permitirle aparecer.
La comprensión tosca siempre quiere simplificar. La comprensión sutil sabe esperar.
No se apresura a llamar tontería a lo que aún no entiende. No convierte la paradoja en error. No exige que la profundidad caiga de inmediato en la palma de la mano como el cambio en una tienda.
Un pensamiento sutil no se esconde de la persona.
Simplemente no está obligado a volverse tosco para que lo noten.
Por eso, a veces el problema no es que el razonamiento sea demasiado complicado. A veces el oyente llegó demasiado ruidoso...

